Cómo evitar la enfermedad hepática asociada a obesidad

La enfermedad por hígado graso de origen no alcohólico y su progresión a inflamación severa del hígado, llamada esteatohepatitis, se asocian a la obesidad y diabetes tipo II. 

Se ha demostrado en personas obesas y/o diabéticos, que son sometidas a procedimientos quirúrgicos, cuando se les toma una muestra o biopsia del hígado, que tienen una alta incidencia de enfermedad hepática por acumulo anormal de grasa. Un 65-89% tienen presencia de grasa de forma importante en el hígado, entre 10 y 56% tienen inflamación (hepatitis), de un 1 a 51% han desarrollado daño a las células del hígado (fibrosis) y aproximadamente un 6% tienen daño irreversible o permanente (cirrosis). 

La enfermedad por acumulo de grasa anormal en el hígado puede pasar por desapercibida durante años, ya que no hay síntomas. Sólo se identifica la presencia de grasa en pruebas de funcionamiento del hígado, en exámenes de laboratorio o en estudios de imagen del hígado como son sonografía y tomografía. 

Un programa efectivo para  perder peso debe combinar  cambios en las costumbres dietéticas, incremento de la actividad física y apoyo psicológico para llevar a cabo modificaciones en el comportamiento de las personas que están definidas como obesos (índice de masa corporal mayor a 30kg. por metro cuadrado) para evitar el cúmulo anormal de grasa en el hígado. Si estas medidas en conjunto no tienen un efecto en la reducción de peso debe considerarse la posibilidad de un procedimiento bariátrico para lograr un peso adecuado de forma permanente y evitar futuras complicaciones. 

Las personas con riesgo de enfermedad por hígado graso deben adoptar un régimen nutricional para bajar la ingesta de calorías de forma individual, adaptándolo a su estilo de vida personal. 

En general una dieta conteniendo de 1,000 a 1,200 kilocalorías por día debe seleccionarse para la mayoría de las mujeres y una dieta conteniendo entre 1,200 y 1,600 kilocalorías por día para los hombres. Es importante abolir el tabaquismo y la ingesta de alcohol. La dieta debe ser variada, contiendo grandes cantidades de frutas y vegetales, así como fibra derivada del salvado de trigo y otros granos, la ingesta de grasa debe ser baja así como la de carbohidratos. 

Algunos ejemplos de contenido calórico y de carbohidratos son: media taza de arroz tiene aproximadamente 125 calorías y 25 gramos de  carbohidrato; si es integral tiene 2 gramos de fibra y el blanco solo uno. Una rebanada de pan integral tiene 120  calorías, 20gr. de carbohidratos y 4gr. de fibra, esto último disminuye a un gramo en el caso del pan blanco. Las porciones habituales que comemos de aguacates, pescado, queso y frijoles tienen 350 calorías y entre 3.5 y 5gr.de carbohidratos. Estos alimentos también tienen de 6 a 20 gr. de proteínas. Las mejores fuentes de energía para proveer al organismo son las proteínas que vienen de alimentos como el pescado, que tienen omega-3, los vegetales (que además tiene fibra) y las carnes con poca grasa saturada. Una disminución en las porciones alimenticias de hasta un 50% mantiene los requerimientos de energía en un 75% de la porción original, o sea, que la cantidad a veces es producto de hábitos culturales y socio-sicológicos. 

El incremento de la actividad física en los pacientes obesos debe hacerse de forma gradual para evitar una lesión física. Dentro de los confines del hogar, actividades como: caminar, bailar y el cuido del jardín son útiles para comenzar un entrenamiento que debe continuar con la participación en deportes individuales o en equipo, hasta llegar a realizar por lo menos 30 minutos de ejercicio de moderado a intenso todos los días de la semana (para empezar puede caminar dos kilómetros a una velocidad de 5 a  6 km/hora). 

Un modelo ideal es lograr realizar aeróbicos a un 50-85% de la  capacidad máxima de la persona, entre 20 y 60 minutos 5 días a la semana durante 6 meses. 

El parámetro para valorar la presencia de grasa en el hígado, son las aminotransferasas, que son enzimas hepáticas que se miden en la sangre. Una elevación de estas puede sugerir una alteración en el metabolismo hepático. Otro parámetro importante en estas personas es el nivel de colesterol, que es una sustancia parecida a la grasa que se encuentra en las células de los humanos indispensable para la formación de hormonas, membranas y otras sustancias. 

Hay diferentes tipos de colesterol: el HDL o bueno, protege al  cuerpo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, el LDL o malo, predispone a que se deposite grasa en las arterias; además los triglicéridos que son compuestos grasos presentes en las células que provienen de alimentos de origen animal o vegetal y se encargan de almacenar energía. 

Finalmente, un monitoreo médico es indispensable para determinar la necesidad de usar medicamentos que suprimen al apetito, como la sibutramina, fentermina, diethylpropion, bupropion, fluoxetina y sertralina; o de otros fármacos inhibidores de la lipasa como el orlistat que disminuye la absorción de las grasas. Otros medicamentos que se utilizan con buenos resultados en los que ya tienen una esteatohepatitis establecida como la pioglitazona y la vitamina “E”; mientas que se siguen investigando más sustancias para estos fines. 

La duración óptima del tratamiento no se ha determinado y depende de la respuesta del individuo y los efectos adversos que se puedan encontrar. El objetivo es evitar daños irreversibles en el hígado como la fibrosis y cirrosis, que por ende aumentan el riesgo de complicaciones severas que comprometen la vida del individuo. 

Dr. Miguel  Contreras Jorge 
Gastroenterología y Endoscopía